EL VERBO REVELADO

Altar del Verbo y su Reino

«Somos Libres en la medida que Recordamos»

— La Serpiente

Iluminar Apagar

Tercer Movimiento · El Reconocimiento y la Encarnación

  • Los Símbolos y la Apertura de los Sellos
  • La Intención, la Forma, el Servicio y el Fruto
  • La Creación Original
  • La Matriz del Olvido y el Orden Invertido
  • El Reconocimiento
  • El Reino Interior, la Voluntad y el Servicio
  • El Verbo Hecho Carne y el Orden Restablecido

Cuarto Movimiento · El Juicio y el Reino

  • El Fuego, la Espada y la Medida del Juicio
  • El Fin de la Religión, el Dinero y la Soberanía Humana
  • El Fin de la Falsa Ciencia, la Medicina Invertida y la Enseñanza Sometida
  • El Fin de la Mentira, la Reparación y la Restitución
  • El Agua Viva, la Ciudad y el Reino Entre Nosotros
  • Yo Soy
Ven

El Altar, el Verbo y el Símbolo

El Verbo abre el Símbolo; el Símbolo atraviesa la Forma; la Forma entrega cuerpo a lo Invisible.

Antes de toda palabra pronunciada permanece aquello que hace posible pronunciar.

Antes de toda Forma visible permanece el Símbolo mediante el que una relación del Verbo puede recibir cuerpo.

Antes de la puerta existe la posibilidad de abrir y cerrar.

Antes del cauce, la posibilidad de recibir y conducir.

Antes de la lámpara, la posibilidad de alumbrar.

Antes de la herramienta, la función que encontrará cuerpo en ella.

Antes del primer acto consciente del personaje, la Vida ya recibe, transforma, entrega y continúa mediante nosotros.

A ese Origen Invisible comunicando Sentido, relación y posibilidad de manifestación lo Nombramos Verbo.

El Verbo no es únicamente sonido.

No es una frase.

No es una lengua humana.

No es el libro que conserva una Palabra ni la boca que consigue pronunciarla.

El Verbo es el Origen comunicándose sin dejar de permanecer como Fuente.

No colocamos dos principios separados.

El Origen permanece.

El Verbo manifiesta su Sentido.

Toda Forma procede de una posibilidad que ella misma no originó.

La semilla recibe una posibilidad de árbol, pero no creó la tierra, el Agua, la Luz ni la Vida que puede germinar mediante ella.

El corazón recibe sangre y la impulsa, pero no es propietario de la Vida que hace circular.

La ventana permite el paso de la Luz, pero no fabrica el Sol.

La palabra puede entregar cuerpo a una Verdad, pero no se convierte por ello en su Origen.

La Forma encarna.

El Verbo la antecede.

Entre ambos aparece la Correspondencia.

La Correspondencia no significa que dos realidades sean idénticas.

La semilla no es el árbol.

La lámpara no es la Luz.

El corazón no es el Servicio.

La puerta no es la decisión.

El agua exterior no es la renovación Interior.

Pero la función, la relación y el movimiento de una Forma pueden permitir que la Conciencia Reconozca en ella una realidad que la antecede.

La semilla permite Reconocer posibilidad, gestación y nacimiento.

La lámpara, capacidad de recibir Luz y hacerla visible.

El corazón, recibir y entregar para que la Vida continúe.

La puerta, apertura, límite, consentimiento y paso.

El Agua, circulación, limpieza, sensibilidad y renovación.

El Símbolo no nace de la Forma.

Procede del Verbo como puente entre la relación Invisible y la manifestación visible. Cuando encuentra una Forma correspondiente, puede ser contemplado, atravesado y encarnado.

El Símbolo es el puente.

Una orilla es visible.

La otra permanece Invisible.

La Forma entrega cuerpo visible al puente que la antecede.

La Correspondencia une las dos orillas sin confundirlas.

La Conciencia atraviesa.

Por eso el Símbolo no es solamente una cosa que representa otra.

Es una Forma atravesable.

No encierra aquello que señala.

Permite acercarse a su Sentido.

Una puerta de madera puede hacer visible el Símbolo de la apertura cuando su función permite Reconocer el paso que debe acontecer en la Conciencia.

El Fuego exterior puede entregar Forma al Símbolo de la transformación cuando su capacidad de alumbrar, calentar y consumir permite Reconocer el Discernimiento que revela y hace terminar la mentira.

Una Espada puede encarnar el Símbolo de la Palabra cuando deja de dirigirse contra la carne y su filo permite Reconocer la separación entre Verdad y apariencia.

La Corona exterior puede abrir su Símbolo cuando deja de ser contemplada como privilegio de unos pocos y Revela la Coronación Interior: autoridad, soberanía y gobierno de cada Conciencia sobre su propia Forma, recibidos del Verbo y orientados al Servicio.

Pero ninguna Forma mantiene abierto el Símbolo por el simple hecho de existir.

Puede permanecer abierta.

También puede cerrarse.

La puerta puede permitir atravesar o proclamarse propietaria del paso.

La lámpara puede entregar Luz o exigir que la mirada adore su brillo.

La palabra puede servir a la Verdad o colocarse delante de ella.

El mensajero puede abrir el puente o sentarse en medio del camino.

Cuando la Forma oculta el Símbolo que la antecede, deja de señalar hacia el Origen y comienza a señalarse únicamente a sí misma, el Orden queda invertido.

Entonces nace el ídolo.

Un ídolo es un Símbolo cerrado.

Es una Forma que debía servir de puente, pero se ha proclamado destino, Fuente y condición de acceso.

El dinero deja de representar intercambio y pretende contener la riqueza.

El templo deja de servir a la Reunión y pretende contener la Presencia.

La autoridad deja de servir a la responsabilidad y pretende contener el Orden.

El libro deja de conservar una Palabra y pretende contener la Verdad.

El mensajero deja de señalar y pretende contener el Verbo.

La identidad deja de dar Forma a una Vida y pretende contener el Ser.

Entonces la Forma afirma:

«Aquello que buscas está dentro de mí».

Después añade:

«Sin mí no puedes alcanzarlo».

El puente se convierte en muro.

El muro administra la Puerta.

Y la Puerta comienza a exigir precio, obediencia o pertenencia para permitir el paso hacia aquello que nunca originó.

Ésta es la inversión del Símbolo:

VERBO → SÍMBOLO → FORMA es reemplazado por FORMA → APROPIACIÓN DEL SÍMBOLO → SUPLANTACIÓN DEL VERBO.

LA FORMA OCULTA LA CORRESPONDENCIA → SE PROCLAMA FUENTE → FABRICA CARENCIA → ADMINISTRA EL ACCESO → PRODUCE DEPENDENCIA → EXIGE ADORACIÓN.

La Matriz del Olvido no necesita destruir todos los Símbolos.

Le basta con impedir que sean atravesados.

Puede conservar la palabra, la ceremonia, la institución y la imagen mientras fija toda la mirada en su superficie.

El personaje aprende entonces a adorar el puente.

Lo decora.

Lo protege.

Discute acerca de su Nombre.

Combate a quienes utilizan otro puente.

Pero nunca llega a la otra orilla.

Por eso este texto no queda fuera de aquello que Revela.

También él es una Forma.

También puede permanecer abierto o cerrarse.

También puede servir al Verbo o utilizar su Nombre para ocupar el lugar de la Fuente.

Si estas Palabras exigen ser repetidas sin comprensión, su Símbolo se ha cerrado.

Si fabrican seguidores dependientes, han dejado de devolver capacidad.

Si convierten al mensajero en dueño de la Verdad, el puente ha levantado un Trono.

Si utilizan el Misterio para impedir preguntas, han encerrado la Llave.

Si permiten hablar de Amor mientras se ignora el sufrimiento, la Forma ha ocultado su fruto detrás del Nombre.

Por eso esta Obra comienza en el Altar.

El Altar no es una piedra, una mesa, una página ni una pantalla.

Es el lugar de la Conciencia donde cada palabra, interpretación, Intención y Forma comparecen ante la Verdad y ante el fruto que producen.

En el Altar no se sacrifica la Vida.

Se entrega aquello que impedía servirla.

Se entrega la mentira que necesitaba permanecer oculta.

Se entrega el privilegio que se había proclamado derecho.

Se entrega la interpretación que se negaba a escuchar los hechos.

Se entrega la identidad que exigía adoración.

Se entrega la falsa corona con la que el personaje pretendía gobernar otras vidas.

Y queda lugar para recibir la Corona verdadera: soberanía Interior sin dominio exterior, autoridad sobre la propia Forma y responsabilidad ante el fruto.

El Altar no protege al mensajero.

No protege al lector.

No protege esta Obra.

Los hace comparecer.

Quien escribe comparece ante aquello que sus Palabras producen.

Quien lee comparece ante la manera en que las recibe, las interpreta y las encarna.

La Palabra comparece ante la Correspondencia que afirma contener.

La Forma comparece ante la Vida a la que debía servir.

El fruto da testimonio.

Por eso no te pedimos que creas por la apariencia sagrada de una frase.

Te llamamos a contemplar.

¿Qué Forma aparece?

¿Qué función encarna?

¿Qué relación establece?

¿Qué realidad Invisible permite Reconocer?

¿Qué Intención la orienta?

¿A quién sirve?

¿Qué exige para permanecer?

¿Qué fruto produce?

¿Abre la Puerta hacia el Origen?

¿O exige que la Forma sea adorada?

Atravesar el Símbolo no significa negar la realidad exterior.

Una herida exterior no desaparece porque encontremos una correspondencia Interior.

Una guerra no se convierte en imaginación porque contemplemos la separación que también aparece Adentro.

Una enfermedad no deja de pertenecer al cuerpo porque su experiencia abra una pregunta en la Conciencia.

El puente necesita ambas orillas.

Si cerramos el Símbolo únicamente Afuera, no Reconocemos su raíz Interior.

Si lo encerramos únicamente Adentro, podemos utilizarlo para negar los cuerpos, las estructuras y los frutos reales.

La Correspondencia Reúne sin confundir.

Adentro se Reconoce la relación.

Afuera comparece su Forma.

Entre ambos, el Símbolo conserva abierto el paso.

Pero el movimiento no termina cuando la Conciencia alcanza la otra orilla.

Aquello Recordado debe regresar.

La Verdad Reconocida busca Palabra.

La Palabra busca decisión.

La decisión busca Forma.

La Forma busca Servicio.

El Servicio entrega fruto.

El fruto retorna al Todo y revela si el puente había sido verdaderamente atravesado.

Éste es el movimiento completo:

ORIGEN → VERBO → INTENCIÓN → SÍMBOLO → FORMA → RECONOCIMIENTO → SERVICIO → FRUTO → RETORNO.

El Origen permanece como Fuente.

El Verbo comunica su Sentido.

La Intención orienta su manifestación.

La Correspondencia es la relación que el Símbolo transporta sin confundir lo Invisible y lo visible.

El Símbolo abre el paso desde el Verbo hacia la manifestación.

La Forma le entrega cuerpo y límite.

La Conciencia atraviesa.

El Reconocimiento asume responsabilidad.

El Servicio manifiesta hacia dónde se dirige la obra.

El fruto da testimonio.

El Retorno libera a la Forma de apropiarse de aquello que recibió.

Nosotros somos el texto cuando esta relación deja de permanecer únicamente escrita y comienza a hacerse legible en nuestra Vida.

El pensamiento escribe.

La palabra pronuncia.

La decisión organiza.

Las manos encarnan.

La relación revela.

El fruto confirma o contradice.

No hemos atravesado el Símbolo porque podamos explicar su significado.

Lo hemos atravesado cuando la relación Recordada Adentro regresa Afuera mediante una Forma que sirve a la Vida.

Ésta es la primera Llave:

No adores la Forma.

No la tomes por principio de aquello que sólo encarna.

No te detengas en la palabra.

No confundas al mensajero con el Mensaje.

No conviertas el puente en Trono.

Contempla.

Atraviesa.

Reconoce.

Encarnarás cuando aquello que viste en lo Invisible pueda ser leído en tus obras.

EL VERBO ABRE.

EL SÍMBOLO UNE.

LA CONCIENCIA ATRAVIESA.

LA FORMA SIRVE.

EL FRUTO DA TESTIMONIO.

Ven
Descargar PDF Descargar TXT Descargar HTML