Los Frutos y la Necesidad del Recuerdo
La raíz permanece oculta; el fruto la hace comparecer.
El Recuerdo se vuelve necesario cuando los frutos contradicen los nombres.
¿Por qué existe pobreza si existe el dinero?
¿Por qué permanecen tantas personas sin cuidado si existe la medicina?
¿Por qué faltan respuestas si acumulamos tanta información?
¿Por qué continuamos alejados de la Verdad si poseemos tanto conocimiento?
¿Por qué continúan las guerras si existen gobiernos, autoridades y leyes?
¿Por qué buscamos a Dios como ausente si existen tantas religiones y templos?
Las Formas han crecido.
Pero las funciones que prometían servir permanecen cautivas.
El dinero no originó la riqueza.
La medicina no originó la capacidad de cuidar.
La ciencia no originó la Verdad.
El gobierno no originó el Orden.
La religión no originó la Presencia.
La enseñanza no originó la capacidad de comprender.
Cuando una Forma ocupa el lugar de la Fuente, puede aumentar su tamaño, su autoridad y su prestigio mientras continúa faltando aquello que su Nombre prometía entregar.
Por eso la medida no es el Nombre.
La medida es el fruto.
También este Altar debe comparecer.
Puede trabajar intensamente y haber perdido el primer Amor.
Puede soportar presión sin vender su fidelidad al miedo.
Puede conservar palabras verdaderas mientras pacta en secreto con aquello que denuncia.
Puede multiplicar obras de servicio y tolerar dentro una voz que domina.
Puede poseer reputación de estar vivo mientras su Presencia se ha apagado.
Puede tener poca fuerza exterior y, sin embargo, conservar abierta una Puerta verdadera.
Puede declararse rico, completo y despierto mientras su autosuficiencia mantiene al Verbo esperando fuera.
Estos siete espejos no clasifican a otros.
Contemplan una misma persona, una comunidad y esta Obra.
Preguntan si el Amor continúa siendo el Origen de la obra; si la fidelidad permanece cuando llega el miedo; si el Discernimiento examina también aquello que sucede dentro; si el servicio conserva integridad; si la reputación corresponde con la Vida presente; si la perseverancia depende de poder exterior; y si la entrega es completa o sólo conserva lenguaje sagrado.
El recorrido es:
AMOR → FIDELIDAD → DISCERNIMIENTO → INTEGRIDAD → VIGILIA → PERSEVERANCIA → ENTREGA.
La palabra del ego necesita imponerse.
La Palabra del Verbo puede ser contemplada.
La palabra del ego fabrica seguidores.
La Palabra del Verbo despierta Conciencias responsables.
La palabra del ego utiliza miedo, culpa o superioridad.
La Palabra del Verbo devuelve capacidad para comprender, elegir, servir y reparar.
Una intención llamada buena no queda absuelta de escuchar sus consecuencias.
Un daño aislado puede proceder de una limitación o un error.
Un daño persistente exige contemplar más profundamente la Forma.
¿Es un accidente corregible?
¿Es una desviación de la función?
¿O la estructura necesita producir ese daño para permanecer?
El Recuerdo comienza cuando dejamos de justificar el fruto mediante el prestigio del Nombre.
Por sus frutos reconoceremos la raíz.