Recordar y Reconocer
Cuando aprendes, puedes repetir; cuando Recuerdas, sabes; cuando Reconoces, respondes.
Aprender es recibir una Forma de conocimiento.
Recordar es atravesarla hasta encontrar la Verdad que ya no se experimenta como ajena.
Reconocer es descubrir que esa Verdad habla también de ti, de tu manera de vivir y de la responsabilidad que te corresponde encarnar.
El Recuerdo no es memoria personal. No consiste en recuperar una escena perdida ni en adquirir un secreto que nos eleve sobre quienes todavía no lo han comprendido.
El Recuerdo acontece cuando una Verdad deja de permanecer delante de nosotros como información y comienza a ser sabida desde la Conciencia.
Puedes aprender que toda Vida está relacionada y continuar utilizando a otros como instrumentos.
Puedes explicar la Unidad y seguir despreciando la diferencia.
Puedes pronunciar Amor mientras tus obras producen miedo.
En esos casos, la palabra llegó a la mente, pero todavía no atravesó el Símbolo.
Reconocer es permitir que aquello Recordado alcance el vientre, la voluntad, las relaciones y las manos.
La Palabra es dulce en la boca porque puede ser pronunciada con facilidad. Se vuelve amarga en el vientre cuando exige renunciar al privilegio, la mentira o la identidad que la contradicen.
Nombrar el Reino es dulce.
Dejar el Trono es amargo.
Hablar de Servicio es dulce.
Entregar sin apropiarse del fruto atraviesa al personaje.
Proclamar Unidad es dulce.
Escuchar la realidad irrepetible del otro impide utilizar esa Unidad para borrarlo.
El Recuerdo dice:
«Esto es Verdad».
El Reconocimiento responde:
«Que esta Verdad encuentre en mí una Forma correspondiente».
Entonces comienza la Encarnación.
El Recuerdo abre los ojos.
El Reconocimiento orienta la voluntad.
La Encarnación entrega cuerpo.
Y el fruto revela si aquello que pronunciamos llegó verdaderamente a ser en nosotros.
PALABRA ESCUCHADA → CONTEMPLACIÓN → RECUERDO → RECONOCIMIENTO → ENCARNACIÓN → FRUTO.
No Recordamos para escapar del mundo.
Recordamos para regresar a él sin continuar reproduciendo aquello que ya hemos Reconocido como mentira.