La Verdad, la Luz y la Ventana
La ventana permite o impide el paso; nunca fue la Fuente de la Luz.
La Verdad no nace de nosotros.
Es anterior al personaje, a sus creencias, a sus interpretaciones y a toda palabra mediante la que intenta Nombrarla.
La Verdad procede del Verbo.
La Verdad es la Correspondencia con el Origen.
La Luz es la Verdad Revelándose: aquello que hace visible lo que estaba presente pero permanecía oculto.
La Luz no crea la Verdad. La permite ver.
La Verdad no comienza cuando la comprendemos. Nuestra comprensión comienza cuando algo de ella puede ser Reconocido.
La Verdad es Una porque su Origen es Uno. No es una para cada personaje. Es la misma para todos y para todas las cosas que existen, aunque ninguna perspectiva particular pueda contenerla entera.
Lo que nace del personaje es su perspectiva, su comprensión y su palabra acerca de ella.
Cuando el personaje llama «mi verdad» a aquello que nace de su condicionamiento y lo proclama Fuente, no ha creado otra Verdad: ha elevado su perspectiva al lugar del Origen y la ha convertido en mentira.
Contempla una misma Luz atravesando ventanas diferentes.
Cada ventana posee posición, tamaño, color, transparencia y límites propios. Por eso la manifestación visible de la Luz no es idéntica en todas.
El personaje es la ventana.
Su cuerpo, memoria, lenguaje, conocimiento, miedo, deseo y herida participan en el color del cristal.
La singularidad no es un error. Permite que la Luz reciba una manifestación irrepetible.
La inversión comienza cuando la ventana afirma:
«Ésta es mi Luz».
«Fuera de mí no existe Luz».
«Mi Forma contiene toda la Verdad».
Ninguna Forma finita contiene por completo la Verdad. Esto no vuelve relativa a la Verdad.
Distingue la permanencia de la Luz de la limitación de la ventana.
Lo verdaderamente Revelado como Verdad no se transforma después en mentira.
Puede corregirse una expresión humana. Puede abrirse una comprensión más profunda. Puede cambiar el Símbolo con el que intentamos comunicarla.
Pero la Verdad no se convierte en su contrario.
La Presencia limpia el cristal.
El Discernimiento separa lo contemplado de aquello que añadió el personaje.
La obra abre la ventana.
El fruto revela cuánto paso encontró la Luz.
No digas:
«La Verdad me pertenece».
Reconoce:
«YO EXISTO DENTRO DE UNA VERDAD QUE ME PRECEDE Y RESPONDO POR LA FORMA QUE LE ENTREGO».