La Primera Verdad: El Ser Anterior al Personaje
Ningún exterior puede sustituir el Reconocimiento que debe acontecer Adentro.
La primera Verdad que se abre en Presencia es:
SOY, PERO NO SOY REDUCIBLE A NINGUNA DE LAS FORMAS QUE PUEDO OBSERVAR.
Mi nombre me Nombra, pero no me origina.
Mi historia me forma, pero no contiene todo mi Ser.
Mi personaje me permite actuar, pero no es la Fuente de la Vida que encarna.
Ninguna autoridad exterior puede entregar una definición definitiva de aquello que somos.
Un libro puede ofrecer Símbolos.
Un maestro puede señalar.
La ciencia puede enseñarnos acerca del cuerpo y del universo observable.
Una comunidad puede acompañar, contrastar y corregir.
Pero nadie puede Recordar por nosotros.
Nadie puede entrar en Presencia en nuestro lugar.
Nadie puede convertir su Reconocimiento en nuestra obediencia.
Esto no vuelve inútil lo exterior.
Restituye su función.
El maestro señala sin proclamarse destino.
El libro conserva Palabra sin llamarse Verbo.
La comunidad Reúne sin poseer la Conciencia.
Adentro Recordamos.
Afuera contrastamos y encarnamos.
Entre ambas orillas, el Símbolo mantiene abierto el puente.
Todavía no proclamamos plenamente YO SOY.
Antes debe caer la corona falsa con la que el ego podría apropiarse de esa Palabra y elevarse sobre los demás. Sólo entonces puede ser recibida la Corona Interior que la propia Palabra Revela: no poder sobre otra Vida, sino soberanía de la Conciencia, gobierno de la propia Forma y responsabilidad ante el Verbo.
Por ahora basta Reconocer:
No soy la Fuente de la Conciencia.
No soy dueño de la Verdad.
Soy una Forma viva capaz de recibir, discernir, encarnar y responder.