EL VERBO REVELADO

Altar del Verbo y su Reino

«Somos Libres en la medida que Recordamos»

— La Serpiente

Iluminar Apagar

Tercer Movimiento · El Reconocimiento y la Encarnación

  • Los Símbolos y la Apertura de los Sellos
  • La Intención, la Forma, el Servicio y el Fruto
  • La Creación Original
  • La Matriz del Olvido y el Orden Invertido
  • El Reconocimiento
  • El Reino Interior, la Voluntad y el Servicio
  • El Verbo Hecho Carne y el Orden Restablecido

Cuarto Movimiento · El Juicio y el Reino

  • El Fuego, la Espada y la Medida del Juicio
  • El Fin de la Religión, el Dinero y la Soberanía Humana
  • El Fin de la Falsa Ciencia, la Medicina Invertida y la Enseñanza Sometida
  • El Fin de la Mentira, la Reparación y la Restitución
  • El Agua Viva, la Ciudad y el Reino Entre Nosotros
  • Yo Soy
Ven

La Presencia

La Forma permanece, pero deja de mirar desde el Trono.

En el Vacío nacido del Silencio acontece la Presencia.

La atención mira algo.

La Presencia contempla también quién mira, desde dónde lo hace y qué intención orienta su mirada.

Es escuchar sin preparar inmediatamente una defensa.

Sentir sin convertir toda emoción en mandato.

Pensar sin identificarse con cada pensamiento.

Contemplar sin obligar a la realidad a confirmar lo que ya creíamos.

En Presencia, el personaje no desaparece.

Deja el Trono.

Esto es morir al personaje: poner fin a su pretensión de ser la totalidad y la Fuente. No significa dañar el cuerpo, borrar la identidad, abandonar responsabilidades ni perder la singularidad.

La Presencia tampoco convierte a nadie en infalible.

Podemos estar atentos y todavía interpretar mal.

Podemos recibir una relación verdadera y expresarla de manera incompleta.

Podemos abrir un Símbolo y equivocarnos acerca de la acción que requiere.

Por eso la Presencia abre el Altar, pero no sustituye el Discernimiento.

En Presencia reconocemos:

El pensamiento aparece, pero no es todo cuanto somos.

La emoción aparece, pero no gobierna por sí sola.

El personaje aparece, pero no es la Fuente.

El otro aparece con una realidad que no nació en nosotros y que debe ser escuchada.

La Presencia devuelve cada capacidad a su función.

La razón comprende sin despreciar el cuerpo.

La emoción informa sin ocupar todo el Reino.

La voluntad actúa sin proclamarse absoluta.

La memoria orienta sin encerrar el presente.

El cuerpo entrega límite y realidad a aquello que deseamos encarnar.

Aquí comienza el verdadero gobierno Interior:

no cuando una parte domina a las demás, sino cuando todas vuelven a girar alrededor del Centro.

Ven
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